En determinado momento.
Sí, bajo la fría luz de la lampara en la mesa.
Cuando sepamos, sepa-sepas, que esperamos en vano el atardecer de plata.
Bajo abril de noches incurables.
En días de asfalto y tierra negra.
Donde nunca suframos sus heridas.
Cuando logren captarnos los satélites.
Y el cielo de repente quede inmóvil.
Con detalles precisos de llegadas y partidas
rubíes, esmeraldas y perlas engarzadas
autos en monturas de oro
en estrépito de idilio
convertidos
y hacer ballet de nuestras penas.
Una melodía del medioevo a fin de cuentas.

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