Cero.
Un cero.
Cuando te me entregaba. Hermoso. Cuando te levantaba.
Y era una borrachera constante, la pérdida de los sentidos, una lluvia de lágrimas.
Tus ojos pentrándome de manera apasiguada.
Los dos tirados en el piso.
Una parte del cielo en el infierno.
Yo solía estar borracho. A casi diario. A casi siempre.
Con tu mirada entraba la oscuridad, que se metía en mis venas y en mis nervios; que me reventaba desde dentro. La habitación de repente era una sombra inmensa, inhabitable. Tú seguías viéndome lastímeramente.
Yo tirado en el piso sin saber como poder amarte.
un cero
viernes, 30 de enero de 2009
miércoles, 7 de enero de 2009
generador de fantasmas.
Creo que sí.
Está sobre el armario. Ahí donde quedaron las llaves, ¿recuerdas?
Ahí debería estar.
Búscalo bien.
¿Seguro?
No lo sé. Ahí estaba. Antes de que empezara a llover entré y dejé el sobre en ese armario. No he movido nada desde entonces, llegué y me senté donde estoy ahora.
Desde entonces han transcurrido más de 10 horas, no he tomado agua ni ido al baño. Solo me he sentado aquí a pensar, aunque probablemente pienso en el cómo no pensar.
¿Y si me hubieran desconectado?
Ojalá me hubieran desconectado.
¡No sé!, si el dichoso sobre no está ahí entonces no está en toda la casa y ya.
Las noticias no tienen nada interesante, ni en la radio ponen cosas agradables últimamente.
Deberían desconectarme. No es difícil, tomas el enchufe que alimenta de corriente eléctrica mi cuerpo, lo rompes o lo desactivas y ya.
Es sencillo, insisto.
Y no, por último, no me he levantado de esta silla hace más de 10 horas. Si tu sobre no está, no está. Alguno de los fantasmas que me persiguen debió haberlo desaparecido.
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