viernes, 30 de enero de 2009

cero

Cero.

Un cero.

Cuando te me entregaba. Hermoso. Cuando te levantaba.
Y era una borrachera constante, la pérdida de los sentidos, una lluvia de lágrimas.
Tus ojos pentrándome de manera apasiguada.
Los dos tirados en el piso.

Una parte del cielo en el infierno.

Yo solía estar borracho. A casi diario. A casi siempre.

Con tu mirada entraba la oscuridad, que se metía en mis venas y en mis nervios; que me reventaba desde dentro. La habitación de repente era una sombra inmensa, inhabitable. Tú seguías viéndome lastímeramente.

Yo tirado en el piso sin saber como poder amarte.

un cero

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