Me abandono en los enveses de las hojas en los árboles
-alumbradas apenas por la luz de la farola.
Como se abandona el diario de ayer
o incluso el de hoy cuando se ha leído;
como se apaga un cigarro al entrar a un restaurante
una sala de conciertos o un cine.
Me abandono a su verde moribundo
por necesidad,
no por capricho.
Dejo que el tiempo corra libre.
Porque el momento que esperaba ya ha pasado.
Ocurrió mientras dormía,
mientras soñaba que lo alcanzaba
y marchaba con él
a lugares viejos
-porque no hay existen los nuevos, me han dicho-.
Me abandono pensando
en el contorno de las vidas
de los que corrieron con la misma suerte.
Por ahora me abandono en su verde moribundo
porque me lo permite su fugacidad nocturna.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
Ferlosio.
Temporada de cítricos
y también de olvidos.
De frutos modificados genéticamente
para evitar el crecimiento de semillas,
pero también de inhibición interna de sentimientos de pertenencia.
Época de fríos, de hielos y apagones.
Frías palabras, fríos vientos, frío el café,
fría la cama, frías miradas.
Mandarinas y momentos que tuvieron importancia,
...algunos meses atrás...
ahora se hacen polvo junto con las cáscaras,
regresan a la tierra que les permitió su formación.
They go back to their ground.
We all go back.
The amazing everyday que desaparece
conforme la humedad entra en las calles.
Temporada en la que el señor de las limas
también tiende sus brazos de piedra
en señal de recibimiento.
- ¿A nosotros?
- No a nosotros, a nadie, porque ya están ocupados.
Y eso se debe a que él viene del trópico, no pertenece al frío.
Son cuatro meses para enterrar recuerdos,
para planificar la movilización de las tropas a territorios nuevos,
no conquistados.
Son semanas de guardar,
para engancharse a un idilio más allá de lo mundano conocido.
Para descansar la caballería.
Son días cítricos que huelen a lavatrastes,
a colonia,
a desayunos.
Son días de retracción,
de limpieza de áticos,
de descomposición de viejas relaciones.
Temporada de tránsito de los "vendrán más años malos y nos harán más ciegos"
a los "vendrán más años tristes y nos harán más malos".
y también de olvidos.
De frutos modificados genéticamente
para evitar el crecimiento de semillas,
pero también de inhibición interna de sentimientos de pertenencia.
Época de fríos, de hielos y apagones.
Frías palabras, fríos vientos, frío el café,
fría la cama, frías miradas.
Mandarinas y momentos que tuvieron importancia,
...algunos meses atrás...
ahora se hacen polvo junto con las cáscaras,
regresan a la tierra que les permitió su formación.
They go back to their ground.
We all go back.
The amazing everyday que desaparece
conforme la humedad entra en las calles.
Temporada en la que el señor de las limas
también tiende sus brazos de piedra
en señal de recibimiento.
- ¿A nosotros?
- No a nosotros, a nadie, porque ya están ocupados.
Y eso se debe a que él viene del trópico, no pertenece al frío.
Son cuatro meses para enterrar recuerdos,
para planificar la movilización de las tropas a territorios nuevos,
no conquistados.
Son semanas de guardar,
para engancharse a un idilio más allá de lo mundano conocido.
Para descansar la caballería.
Son días cítricos que huelen a lavatrastes,
a colonia,
a desayunos.
Son días de retracción,
de limpieza de áticos,
de descomposición de viejas relaciones.
Temporada de tránsito de los "vendrán más años malos y nos harán más ciegos"
a los "vendrán más años tristes y nos harán más malos".
sábado, 19 de noviembre de 2011
A partir de ahora, te libero de las ataduras de mi memoria.
Ya no habrá motivos o razones que te encierren en mí.
A partir de ahora debes de buscarte un sitio nuevo,
donde morir, en la forma que lo haces, sea posible, justificable y comprensible.
Ya puedes irte pudriendo en los estivales de mi memoria.
Empieza a descomponerte, por favor.
Ya no habrá motivos o razones que te encierren en mí.
A partir de ahora debes de buscarte un sitio nuevo,
donde morir, en la forma que lo haces, sea posible, justificable y comprensible.
Ya puedes irte pudriendo en los estivales de mi memoria.
Empieza a descomponerte, por favor.
jueves, 10 de noviembre de 2011
La naturaleza física manifiesta;
manifestándose en las miradas reales que se entregan
en momentos de tregua, cielos escampados, días fríos y hojas que caen;
manifestándose en una mujer que saca a pasear a su perro,
su verdadero perro, en colas que se menean al compás del paseo.
Los verdaderos perros, los verdaderos acordes que suenan en las calles.
Los verdaderos autos, los verdaderos palacios.
Los verdaderos cielos y sus colores en constante cambio.
La naturaleza de la noche que cae sobre todos,
fría y húmeda.
Aquella naturaleza que no es física en los alguien que no tienen nombre,
en los nadie que nunca lo han tenido
-y probablemente morirán igual-,
en los pensamientos que se congelan antes de poder ser analizados,
ya no decir llevados a cabo.
Carentes de explicación y sujetos de rechazo.
Ausentes en las estaciones, principalmente ocultos en otoño e invisibles en invierno.
Pero la noche fría y húmeda cae encima de todos,
sobre todos los edificios Bauhaus,
los abrigos raídos, las flores de tulipán,
las palomas que esponjan su plumaje para aminorar la sensación térmica,
los beagles que menean la cola adentro de casas cálidas,
sobre aquellos que no saben que están siendo espiados,
los que usan la calefacción,
sobre las banquetas que yacen solas como un signo =.
Y atiende: la física, también la química y la biología serán historia cuando llegue la hora del lobo.
Serán historia común y condensada en halos de vapor de transeúntes que caminan evitando el frío.
manifestándose en las miradas reales que se entregan
en momentos de tregua, cielos escampados, días fríos y hojas que caen;
manifestándose en una mujer que saca a pasear a su perro,
su verdadero perro, en colas que se menean al compás del paseo.
Los verdaderos perros, los verdaderos acordes que suenan en las calles.
Los verdaderos autos, los verdaderos palacios.
Los verdaderos cielos y sus colores en constante cambio.
La naturaleza de la noche que cae sobre todos,
fría y húmeda.
Aquella naturaleza que no es física en los alguien que no tienen nombre,
en los nadie que nunca lo han tenido
-y probablemente morirán igual-,
en los pensamientos que se congelan antes de poder ser analizados,
ya no decir llevados a cabo.
Carentes de explicación y sujetos de rechazo.
Ausentes en las estaciones, principalmente ocultos en otoño e invisibles en invierno.
Pero la noche fría y húmeda cae encima de todos,
sobre todos los edificios Bauhaus,
los abrigos raídos, las flores de tulipán,
las palomas que esponjan su plumaje para aminorar la sensación térmica,
los beagles que menean la cola adentro de casas cálidas,
sobre aquellos que no saben que están siendo espiados,
los que usan la calefacción,
sobre las banquetas que yacen solas como un signo =.
Y atiende: la física, también la química y la biología serán historia cuando llegue la hora del lobo.
Serán historia común y condensada en halos de vapor de transeúntes que caminan evitando el frío.
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