Me abandono en los enveses de las hojas en los árboles
-alumbradas apenas por la luz de la farola.
Como se abandona el diario de ayer
o incluso el de hoy cuando se ha leído;
como se apaga un cigarro al entrar a un restaurante
una sala de conciertos o un cine.
Me abandono a su verde moribundo
por necesidad,
no por capricho.
Dejo que el tiempo corra libre.
Porque el momento que esperaba ya ha pasado.
Ocurrió mientras dormía,
mientras soñaba que lo alcanzaba
y marchaba con él
a lugares viejos
-porque no hay existen los nuevos, me han dicho-.
Me abandono pensando
en el contorno de las vidas
de los que corrieron con la misma suerte.
Por ahora me abandono en su verde moribundo
porque me lo permite su fugacidad nocturna.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
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