jueves, 14 de octubre de 2010

Uno no debiera.
Definitivamente no
permitir que los sentimientos entren en contacto
con la materia,
que permeen en ella
Y vivan nuestra vida en y a través de un objeto inanimado.

Usar-tirar.
Como cultura,
como justificación durante las partidas.

Uno no debiera extender la sobrevivencia de un momento.
Y no contar más cuentos derivados de éste.
Tampoco alimentar el pasado y vivirlo en el futuro.
Tampoco respirar el polvo de aquellas situaciones.

Uno simplemente debería dejar hacer, dejar pasar.

Ser un cubo de hielo.
Extinguirse con el paso del tiempo.
Mutar a otro estado.
Ocupar nuevos lugares.

Uno simplemente no debería de conservar objetos
so pretexto de revivir tiempos anteriores.

domingo, 10 de octubre de 2010

Ves las aspas.
Vuelas a ellas.
Abres sus pequeñas puertas.
Entras por ese diminuto espacio.
Te montas en ellas.

Viajas en sentido opuesto a las manecillas del reloj.
Y miras el entorno,
miras toda la habitación desde arriba.

Y piensas en la frialdad de tu espacio.
En lo cómico de verte acostado,
sobre tu propia cama.
Verte a tí mismo.
Verte respirando, roncando.
Verte despacio, verte rápidamente,
verte constante.

Una imagen descompuesta con los
múltiples giros del abanico.
Una imagen entera.

Un montón de piezas pegadas,
tendidas sobre la cama.
Órganos extirpados,
cabellos despeinados.

Y desde arriba, tambien
las argamasas rotas.

lunes, 4 de octubre de 2010

Pintar de verde la llovizna.
Hacerla onírica.
Montarla en un cuadro.

Hacerla irreal,
ya no sentirla.
Comerla como ensalada.

Ligera y fresca.

Agarrar las gotas desordenadas,
sin patrón común.
Ponerlas en orden alfabético
a1, a2, a3, a4, a5...
b1, b2, b3, b4, b5...
c1, c2, c3, c4, c5...
Gota a1b1c1, gota a2b1c1, gota a3b3c1....

Tarea dioséica ordenar lo ya ordenado.

Entender, clasificar o arreglar lo cotidiano.

Llovizna, es todo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Una extensión del rayo.
Y.
Puerta abierta.

El avance de la luz,
hacia la cama.
Al final de una habitación
que no tiene ventanas.

Iluminación parcial,
cuestión de segundos.
Con la que se aprecian
los discos, pastillas, agenda.
El despertador.

La cama vacía.
Deshecha.

Y la oscuridad,
los cuadros a perspectiva.
El tiempo en velocidad menor.

Esperando el siguiente relámpago.
Esperándolo fuera,
en otra parte.

Donde sabemos que podemos
reencontrarnos con ese espacio vacío.
Con la certeza de no vernos en él.

Sólo visualmente.