Fingía las depresiones.
Un carro, o dos, o tres, ¿qué importa?
Mañanas, tardes, noches.
Con viento o sin él, aunque irrite la garganta cuando fume.
Independiente de que suba corriendo y llegue con el cuello torcido.
No, yo nunca fingí. Siempre sentí que no estaba, desde que se quedó en el estante de galletas.
Cuando veía los accesorios de la ciudad a determinada hora de la tarde.
Y una librería vacía.
El corazón desaparecido.
Con un espasmo que decía ser cáncer, o embolia, o dolor abdominal. Ni siquiera lo sabía con exactitud.
Depresiones finalmente.
Un carro, o dos, o tres, ¿qué importa?
Mañanas, tardes, noches.
Con viento o sin él, aunque irrite la garganta cuando fume.
Independiente de que suba corriendo y llegue con el cuello torcido.
No, yo nunca fingí. Siempre sentí que no estaba, desde que se quedó en el estante de galletas.
Cuando veía los accesorios de la ciudad a determinada hora de la tarde.
Y una librería vacía.
El corazón desaparecido.
Con un espasmo que decía ser cáncer, o embolia, o dolor abdominal. Ni siquiera lo sabía con exactitud.
Depresiones finalmente.

