viernes, 13 de julio de 2007

Centir, Contigo, con C: Ciento uno.


Ciento una cabeza, aquí por encima de mi cuello. Pero no responde a las órdenes.
Ciento un dolor en esa cabeza. Creo que es intrusa. No responde.
Ciento un calambre en la pierna, baja por mi muslo hasta el tobillo. Y no responde al movimiento que le ordeno.
Ciento que me voy a morir.
Ciento una vez, dos veces, ciento la noche y la lluvia, ciento, centado, ciento un contento, mucho enojo, el ave regañada por el papa.
¿Dejaré de centir así, así como ciento la tarde atenuada por las palabras del extranjero?

La cabeza es extraña, no me habla. Creo que hay dos. En esa bicefalidad me desvanezco. En las compras de la novia, de la tarde, de un beso -soberano y tirano- enorme. Con ese huracán de imágenes, de aves, de tortugas y de zapatos en mi mente me estremezco. Y todo a mí, pues si me afecta. Mil ejecutivos, al mando de la segunda cabeza de este nuevo cuerpo, la que domina, la que cree que ordenará en la muerte del amor, en la comida, en los senos de la anciana.

No has hecho nada de que arrepentirse. Y tu discurso chafa.

Ciento de centir. No siento.

jueves, 12 de julio de 2007

LA CIEN.

Le pregunté al faro, allá sobre su montículo:
-¿No te da miedo estar solo?
Y no me respondío.

viernes, 6 de julio de 2007

Victima, No más!

Cuando estoy en circunstancias muy parecidas a la incertidumbre, la desesperación, la soledad y la hartazón mismas, solo hay una salida que tomar:

Hacerme la víctima por algo que no lo soy.

Sugita Hisajo (1890-1946).

Montaraz cuco,
vas provocando ecos,
según tu antojo.


Arriba el licor, el viernes, la distancia que se debe guardar y todas las reglas hechas para romperse.


jueves, 5 de julio de 2007

Instrucciones para llorar.


Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una concentración general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.

Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

Llegado al llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortázar.

Acercándose al centenar-

Once in a while.
I don´t remember.
Why this shit isn´t running good enough.

Mercurio depuesto cuando existes.
Las aves robándose las uvas de la mesa.
Pues todos los peces son idénticos de noche, día o en su muestreo.
Se suele pescar piedras con venas, tus manos flotando hoy en la marea.
Ondulantes pesquizas que relatan cuentos como faunos.
Mil voces de las hojas de otoño siendo mierda.


Me he propuesto como pérdida de tiempo recostarme un largo rato
Quizás lloro, quizás sufro.
¿Qué hora és?
Correr solo.
Deformadas con voces celestiales, con mentas en el piso.
Ahí también estaré solo y mi subconciente es más inteligente que este corazón
y un pez corre flotando sobre un arroyo turbio.
Quiero controlar mis sueños y bajar por pendientes pronunciadas.
Soñar que vuelo, soñar en amplitud, con el azul del cielo, con simpleza.
Porque sé que me engaño incluso en ese sueño.
Quiero hoy recostarme un largo rato. Antes de todo.
enamoradizo que se me ha dado por castigo.
Soñar con verdes árboles, con aguas cristalinas, con valles floridos, con nubes.

UN LÍMITE. DOS PUNTOS SEPARADOS.Después, la soledad.

miércoles, 4 de julio de 2007

Royal paper.

  1. La luna y su sombra me han dicho hoy que no me quieres.
  2. No es gran cosa; yo ya lo sabía.
  3. Su fortaleza, su luz incandescente, su energía renovadora, sus manchas musicales;
  4. Me queda la duda de si tanta belleza puede ser tan cruel conmigo.
  5. De vuelta a la luz artificial, a la casa solitaria.
  6. Y tu no me amas.
  7. Y el corazón.
  8. Y la soledad.
  9. ¿A quién recurro si tú no me quieres?

FIN


DIA DE MI SANTO...who the hell cares???? díganme!!!!

martes, 3 de julio de 2007

Mon Coeur.

Mentiras

Amapola amortajada
estás muriendo
en plena primavera.

Todo hubiera sido fácil
si tú no ... si yo tampoco ...
si el mar y el fracaso
no fueran uno solo,
si las manos blancas
y los ojos tristes ...
todo hubiera sido fácil.

Pero no hemos dicho la verdad.
Callé mis excursiones por la tarde
negando el giro del destino:
anticipos de fin de primavera
como invernal otoño, un accidente.
No has dicho la verdad, musa desnuda,
como yo, mentiste en la mañana.

Aunque yo, miento por vergüenza,
tú por traición.

posted by Jaime Hales http://jaimehalespoeta.blogspot.com/

Si tan solo pudiera...

SI MURIERA ESTA NOCHE

Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera.

Idea Vilariño

lunes, 2 de julio de 2007

Bailame el agua.

BÁILAME EL AGUA

Báilame el agua.
Úntame de amor y otras fragancias de su jardín secreto.
Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor.
Sácame de quicio.
Llévame a pasear atado con una correa que apriete demasiado.
Hazme sufrir.
Aviva las ascuas.
Ponme a secar como un trapo mojado.
No desates las cuerdas hasta que sea tarde.
Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni mía, que sea de todos.
Líbrame de mi estigma.
Llámame tonto.
Sacrifica tu aureola.
Perdóname.
Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora.
No me arrastres.
No me asustes.
Vete lejos.
Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mi labio con sanguijuelas de colores.
Fuma un cigarro para mí.
Traga el humo.
Arréglalo y que no vuelva a estropearse.
Échalo fuera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido.
Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tus oídos.
Toca mis ojos abiertos.
Nota la textura del calor.
Hasta reventar.
Sé yo mismo y no te arrepentirás.
¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos.
Yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel.
Hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve.
Te invito a un café.
Caliente claro.
Y sin azucar. Sin aliento.

domingo, 1 de julio de 2007

Odio los días. A veces -como hoy.




Ya no sé que odio más.

Sí la vida por ser odiosa.
Yo por odiar la vida.
Al odio mismo por ser la semilla de mi estremecimiento.
O a todos los factores que añaden odio en el espacio a mi momentos.

Sé, definitivamente, que me odio por odiarme. Es inválido e imposible odiarse cuando no tengo la capacidad de ser otro frente a los demás. Sé también que el odio no me lleva a ninguna parte y odio mi falta de coraje. Vivo con odio y odio eso, porque me hace entrar en un campo depresivo, desesperante, de bajo poder anímico.

No sirve de nada odiar si no se es odiado. En mi caso, pocas personas me odian, y ello carece de importancia para mí, y no peco de arrogante. Whatever people say I am, I am not. Los factores claves de la vida están en el siguiente orden. Odiar el odio, amar el amor, ser feliz por la felicidad y ver siendo visto. Aunque la visión material y el discurso teórico me mantengan solo y depresivo como hasta ahora lo han hecho.

Nota cultural, Odio la mañanas es un libro fenomenal:
«Escribo para no reventar, por temor a la muerte lenta y a la gangrena de la amnesia, en la que se pudre toda una generación. [...] Escribo mientras noto cómo me sube por dentro la bomba de explosión retardada de estos años de soledad. [...] Escribo porque todavía no se me ha ocurrido nada mejor para matar definitivamente las mañanas carcelarias. O porque no he tenido valor para hacerlo. Escribo para que esas mañanas sin vida se encarcelen y se hundan en el dolor de las palabras y de su frágil arquitectura.»
Jean-Marc Rouillan

Jann-Marc Rouillan (Auch, 1952), está encarcelado a perpetuidad desde 1987.
Es autor de:

Je hais les matins, Denoël, 2001.

Prolétaire précaire. Notes & réflexions sur le nouveau sujet de classe (con Joëlle Aubron, Nathalie Ménigon y Régis Shchleicher), Acrate, 2001;
Paul des Épinettes ou la Myxomatose panoptique, L’insomniaque & Agnès Viénot-éditions, 2002; Glucksamschlipszig: Le Roman du GLUK, L’Esprit frappeur, 2003;
Lettre à Jules, Agone, 2004.

Así quisiera acabar yo.

Rogelio Guedea

El oficio

Con el paso del tiempo, su propia escritura –las palabras que giraban en su página blanca como moscardones alrededor de un vaso de leche- fueron despojando a su hacedor no sólo de su pasado y su futuro sino, lo que era aún peor, de su presente. El escritor, sin darse cuenta, fue cayendo en pedazos, en trozos más o menos informes: una pierna un día, una mano otro. Sólo una imagen fija en un punto incierto: la de su propia sombra reflejada en la habitación donde escribía. Apartado de todo afuera –es decir: instalado en sus orillas-, el escritor iba extinguiéndose como una vela: una oreja un día, un ojo otro. Su obra, sin embargo, crecía en páginas que parecían olas que parecían diluvios. Aun cuando sus partes (boca, corazón, cabeza) habían quedado desperdigadas en el aire, una mañana se sintió completo, reconciliado, como si en realidad su escritura le hubiese devuelto a su nombre el cuerpo que había perdido.

http://www.jornada.unam.mx/2007/07/01/sem-rogelio.html

Terc entreg

Las calles del lugar estaban llenas de personas todo el día desde el claro del sol hasta aproximadamente las diez de la noche, cuando solo los perros deambulaban como fantasmas sobre ellas. Aproximadamente un sesenta por ciento de su población había orinado en ellas. En casi todos los rincones desde que estaban empedradas. Algunas veces hombres ebrios amanecían tirados en las banquetas o a las afueras de alguna cantina.

Segunda entrega

María la dueña de la casa colonial trabajaba durante el día en la limpieza del lugar. Barría desde las seis de la mañana –el ruido que hacía la escoba en la banqueta cada mañana era demasiado molesto para los inquilinos del frente de la casa, demasiado molesto. Cocinaba a partir de las ocho, lo primero en poner en la mesa eran las tazas de café, después los platos largos, algunos mellados. Tenía cerca de treinta y dos años con la vajilla que su madre la había regalado dos años después de su boda, cuando aceptó que había perdido a su hija frente a un patán que la trataba mejor que ella. Era de cerámica blanca, no obstante, ahora lucía amarillenta.

Siempre estaba pensando en el bienestar de los inquilinos, en la comodidad que su casa podía ofrecer. Nunca pensaba en comprarse ropas nuevas o incluso zapatos menos rígidos a los que usaba, esos zapatos fueron el último regalo de su esposo, y ya estaban duros a causa del tiempo, grises. Su alma y el sentido de su vida se perdían junto con el color de los zapatos mas nunca se percató de ello.

Un domingo por la mañana recibió a un inquilino que le rentaría solo por una semana y lo aceptó debido a que acababa de quedarse sola una habitación y sabía que pasaría tiempo en que volviera a ocuparse. No montó inconveniente alguno pues le pagó por adelantado. Últimamente sus plantas tenían más vida. Aparentemente era la que ella perdía día con día.