Es que cuando hablabas por teléfono yo me perdí en un huracán fortíssimo de imágenes.
Y me hallé confundido entre las estéticas, las uñas postizas, la devaluación del peso junto con la del dólar. Un decapitado, condición Santana, polvo, polvo, mugre a fin de cuentas, mugre con sangre, probablemente un dedo (de alguien secuestrado), pero polvo y mugre principalmente.
Y seguía girando conmigo en su interior, en balas dispersas, en tacones lejanos, partículas de VIH, en hojas de marihuana, globos de cristal, en gotas de sudor y polvo de los vientos de Santana.
Cuando hablabas por teléfono aparecía todo ese panorama horrible...
y se acabó cuando cortaste.
viernes, 24 de octubre de 2008
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