domingo, 29 de agosto de 2010

Dicho frente a un pedazo de luz,
de luz sobre pintura, de luz
sobre turquesa.

Me dice,
que soy posible,
que soy quizás.
Que soy un hombre de factibilidad probable.

Dicho el verbo al viento.
Verbo pensado, pero al viento.
Arrojado,
aunque sea.

Verbi gratia.

Nada más importa.
Ninguna mano, ningún argumento fuera de ese acuerdo.
Ningún símbolo.
Ningún paseo.
Ninguna road movie -ningún Paris, Texas.

Tan es así que no importa nada, abro los ojos.

Y no importa ya, que sea una posibilidad, un quizás,
no importa ya que no sea imposible.

Porque ya he despertado.

Porque ya no son sueños.
Y lo dicho, pensado o arrojado, se ha quedado asegurado en algún cráneo.
Y es muy probable que no sea el mío.

domingo, 22 de agosto de 2010

Every time I can.

Will go deeper.
Will try to put all the noise possible in
a column,
a tunnel,
the deepest column,
the deepest tunnel.
the deepest known.

All the noises,
from insects, hummingbirds, to moanings and cryings.
From waves to bullets shooting.
From silent sunrising lights to silent sunset lights.
From everyone of us kissing,
from every sigh,
from every clap,
to silent and noisy nothings.

Will then climb it.
Going up there.
Back to the surface.

Will melt human feelings and put them in cans,
thousands of them.
Millions of them.
Will label them,
order them by odd numbers.

Will then close the tunnel,
the column.

Will now bury myself
with the noises and the feelings.
Needing nothing else.

viernes, 20 de agosto de 2010

Es el deseo de todo, de saber, consumir, apretar lo poseído,
aprehender fuerte contra mis adentros,
buscar más, pensar, pensar todo,
pensar o no pensar,
atiborrarme de recuerdos, cada uno.

Regarlos, crecerlos, comprarles compañeros,
nuevos, inquilinos nuevos.

Jalar más, bajo presión disminuir el espacio que ocupa la sangre en el cuerpo.
Y meter más cosas.
Fumar tanto y reducir el tamaño de los pulmones; así entrarán más recuerdos, cientos de ellos más.

Hasta explotar desde dentro a causa de la recolección.
Quiero Atlántico.
Quiero aguas profundas y fríos que lleguen a los huesos.
Quiero faunas abundantes,
aguas pobladas en sobremanera.

Quiero huir tan tarde como sea posible,
con el sol a espaldas,
a oscuras.

Quiero nervios,
antisoportes
antinecesidades
antibalas.

Quiero constantes y abundancia retórica.
Palabras sueltas y diálogos expresos.

Acordes vespertinos,
ad hoc para tardes ecuménicas.

Quiero todo
en una nada levantada.

sábado, 14 de agosto de 2010

El ventilador tratando de abatir el calor.
Gira, gira gira, gira, gira gira gira, gira
en una función final que incluirá la tarifa
de la CFE a vuelta de mes y medio.

A la víspera de un domingo,
que se piensa rata.
Escala paredes, lento, amodorrado.

Viendo un cuadro de ocho filas, seis columnas.
Corazones, cuarentayocho corazones.
Multicolor.

El yeso movido, dispersado por el agua.

Corazones a medias.

La lámpara, los libros y Brecht
adaptado en la Ciudad de México.

Deseando estar,
dormido, allá, azulado,
as ulado, a su lado.

Domingo entrante.
Que sube a la cama y se echa a dormir
porque sigue siendo noche.

Mientras el sonido escurre,
se estira.

jueves, 12 de agosto de 2010

Y como siempre
-o frecuentemente-
-probablemente a veces-
-al menos alguna ocasión-
se tarda en aparecer.

Procuro perder el tiempo
perdiendo la vista en múltiples objetos,
o en uno solo.
Fijamente.

Nunca dar vueltas
porque eso me remitiría al pasado.
A días de lluvia, lodo y viento.
Calles inundadas.

No, dar vueltas implica regresar el tiempo.

A cuando me formaba, célula tras célula.

A cuando salían los peces del agua,
y muchos de ellos morían en el intento por reptar.

Volver siglos atrás y comenzar todo el proceso evolutivo.

Tampoco puedo -o podría- sentarme.
¿Con qué objeto?
La espera sería más cansada.
Inútil, acortaría mi campo de visión y no podría perder tanto la vista.

No.
A la espera hay que ponerle un nombre
y aprender a convivir con ella.