martes, 27 de octubre de 2009

llegaron la nubes

Llegaron las nubes
repentinamente,
sin preámbulo.

Instaladas ya,
comienzan a mecerse al compás del viento.

Han traído alegría,
pero también ráfagas de plomo y fuego.

En un ambiente completamente seco.

Al menos a mí, me han devuelto la necesidad de sonreír.
Sin justificantes de por medio.

Y les pido
que se queden,
para siempre.

Precisamente porque sé que se van muy pronto,
llevándose todo,
dejando atrás un panorama limpio.

Espero y quiero que sigan meciéndose hasta que lo logre.

lunes, 5 de octubre de 2009

No es una colina, es una montaña.

Un sinfín de nodos.
Cruzados. Atorados.
Tengo un montón de nudos en la cabeza, en el pecho, en las piernas y en las manos.
Muchos y muy cerrados.
Apretados hasta que no pudieron dar más de sí.

En el pecho y el estómago.
Una pieza cubierta de cuerdas, hilos muy juntos, bien cerrados, bien apretados.
De manera independiente.

Tengo una pila de nudos que me inquietan.
Me envuelven.
De la desesperación,
que hasta en los zapatos.

Hasta las nubes,
en autobuses.
En doquiera, en doquiera los nudos.

Mira cómo no me dejan pensar, cómo me pueden, cómo me aprietan.
Mira los nudos, mira mira mira.

Los nudos, los nudos que bloquean.
¿A dónde voy? ¿Dónde me dejan?

No es una colina, es una montaña de nudos.