viernes, 13 de julio de 2007

Centir, Contigo, con C: Ciento uno.


Ciento una cabeza, aquí por encima de mi cuello. Pero no responde a las órdenes.
Ciento un dolor en esa cabeza. Creo que es intrusa. No responde.
Ciento un calambre en la pierna, baja por mi muslo hasta el tobillo. Y no responde al movimiento que le ordeno.
Ciento que me voy a morir.
Ciento una vez, dos veces, ciento la noche y la lluvia, ciento, centado, ciento un contento, mucho enojo, el ave regañada por el papa.
¿Dejaré de centir así, así como ciento la tarde atenuada por las palabras del extranjero?

La cabeza es extraña, no me habla. Creo que hay dos. En esa bicefalidad me desvanezco. En las compras de la novia, de la tarde, de un beso -soberano y tirano- enorme. Con ese huracán de imágenes, de aves, de tortugas y de zapatos en mi mente me estremezco. Y todo a mí, pues si me afecta. Mil ejecutivos, al mando de la segunda cabeza de este nuevo cuerpo, la que domina, la que cree que ordenará en la muerte del amor, en la comida, en los senos de la anciana.

No has hecho nada de que arrepentirse. Y tu discurso chafa.

Ciento de centir. No siento.

2 comentarios:

Luján dijo...

Este si que estabas inspirado, se agradece el buen sabor de boca y de mente.

Julieta dijo...

Digo, sentir (aunque sea con 'C') a veces es bueno, otras veces no... demasiadas veces NO! Creo que en esto último radica la insistencia de negar con vehemencia mi creencia inútil en el amor.A final de cuentas, si lo que se busca es la felicidad... no se puede vivir sintiendo tanto miedo en el cuerpo y en corazón cuando se quiere, o si?
Encontré este poema de Gabriela Mistral, es revelador para mí. Te espero, amigo!

DESVELADA

Como soy reina y fui mendiga, ahora
vivo en puro temblor de que me dejes,
y te pregunto, pálida, a cada hora:
«¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»

Quisiera hacer las marchas sonriendo
y confiando ahora que has venido;
pero hasta en el dormir estoy temiendo
y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»