Sonidos secos emiten las hojas, cuando ambos las pisan.

No, no fué que la noche se autonombrara única,
ni que participaramos activamente en su debate,
es solo que nos vimos y todo lo demás perdió sentido.
No, no nos vimos, yo te ví y todo lo demás perdió sentido.
Y de ahí en adelante las cosas han marchado mal, nos maldecimos y yo he cambiado de rumbo cada noche, buscando regresar al punto donde comenzó la caída.
Sí.
Que me guste esa melancolía, que me llame la necesidad, que siga amando yo a esa dependencia.
Al fin y al cabo, la vida sin bosques de tristeza no recorre igual.

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