jueves, 10 de noviembre de 2011

La naturaleza física manifiesta;
manifestándose en las miradas reales que se entregan
en momentos de tregua, cielos escampados, días fríos y hojas que caen;
manifestándose en una mujer que saca a pasear a su perro,
su verdadero perro, en colas que se menean al compás del paseo.
Los verdaderos perros, los verdaderos acordes que suenan en las calles.
Los verdaderos autos, los verdaderos palacios.
Los verdaderos cielos y sus colores en constante cambio.
La naturaleza de la noche que cae sobre todos,
fría y húmeda.

Aquella naturaleza que no es física en los alguien que no tienen nombre,
en los nadie que nunca lo han tenido
-y probablemente morirán igual-,
en los pensamientos que se congelan antes de poder ser analizados,
ya no decir llevados a cabo.
Carentes de explicación y sujetos de rechazo.
Ausentes en las estaciones, principalmente ocultos en otoño e invisibles en invierno.

Pero la noche fría y húmeda cae encima de todos,
sobre todos los edificios Bauhaus,
los abrigos raídos, las flores de tulipán,
las palomas que esponjan su plumaje para aminorar la sensación térmica,
los beagles que menean la cola adentro de casas cálidas,
sobre aquellos que no saben que están siendo espiados,
los que usan la calefacción,
sobre las banquetas que yacen solas como un signo =.

Y atiende: la física, también la química y la biología serán historia cuando llegue la hora del lobo.
Serán historia común y condensada en halos de vapor de transeúntes que caminan evitando el frío.

No hay comentarios: