Que el tejado se mezcle con el color del cielo a esta hora de la tarde es un augurio.
No sé de qué, exactamente.
Quizás de que el verde de las plantas está a punto de extinguirse.
Éste año más temprano que de costumbre.
O de que el calor casi parte al cono sur.
Podría ser también un signo de que el cauce de sangre que corre
está por aumentar.
Arrasará más avenidas, casinos, estadios, joyerías...
¿qué sé yo si no estoy ahí?
Ni aquí.
Que los carros parecieran quietos aún cuando marchan,
las luces de los semáforos sean tan inertes como las farolas,
el silencio inusual, la pasividad de las calles, la respiración muda,
¿tendrán éstos también algún significado?
No hay a quien controlarle el tránsito
cuando la tarde se va y la noche entra.
No hay ninguna señal que diga que seguimos vivos.
Sólo ese color del cielo que se confunde con el tejado, o viceversa.
De ser así, la vida entera sería un augurio.
viernes, 26 de agosto de 2011
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