I.
Usted
cruzando la calle, justo frente a mi casa,
la del baldío,
no, esa no.
El frío cubre la estructura de metal, esa antena receptora: mi soledad creciente.
usted en la casa amarilla.
usted con café
los murmullos, la algaraza
el frío en los dedos
consumiendo mis cigarros.
¡Es que este sol no me calienta en lo absoluto!
¡Ay, la ropa entallada!
No tengo frío, no tengo frío...
no tengo abrigo.
Usted tampoco
Los prados recién verdes, vivos superficialmente,
también los baldíos,
también aquél frente a mi otra casa.
El frío que mella el pelaje de Atila (el gato que me pertenece, pero no es mío)
usted perdida
usted de nuevo
¡USTED!, la mesera estrella.
qué ciudad tan fría y sola es en invierno.
II.
Arañas, también moscas
si acaso moscas y menos arañas.
Un pinzon verde.
Luz del mes que corre
luz fría
para que cuando llegues, veas el estado en que me encuentro.
el espejo convirtiéndose;
ya es un mar gigante,
un océano pacífico.
Perros.
Situaciones de migración perenne
o transitorias.
Una vez más, el silencio se impone a la razón
exige que no piense
que calle
que sólamente vea como el alma raída posa junto a mí frente al espejo.
III.
Candil, candil
extraño tu plática desmesurada... Andrea.
Candil, candil
también tus movimientos y el énfasis de tu argumentación
Candil, candil
vine al mismo sitio en que nos reuníamos
para invocarte
Candil, candil
y no has llegado.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario