martes, 24 de junio de 2008

me contó por carta que tuvo pesadillas horribles y se fué para alejarlas.

el pasillo y su escalera
en plena oscuridad

yo despertando

un timbre

la puerta

tus ojos

una espontánea y breve descompostura en mi reloj de mano, en el de pared, en el tuyo (uno de plástico)

y

mi riñon que sirve
mis pulmones con restos de humo
mi cerebro aletargado
mis ojos rojos
mi boca entreabierta
mi estómago vacío
mis intestinos enredados
mi tráquea desgastada
mis piernas flaqueantes
mis pies cubiertos de polvo

todos ellos se enamoraron de tí -salvo el corazón, aún no estaba perdido, pero cuando llegaste estaba durmiendo profundamente-

me escribió desde un castillo helado, en los Cárpatos. vive a la luz de una ventana rota, cubierto por plumas de cuervo que encontró en la entrada.

Me dijo que supo de tí, aún dormido.

Y pienso en el tiempo que corre de nuevo en nuestras máquinas
en tí que me has olvidado
en mí que sé que estás muy lejos
en mi corazón cubierto por el plumaje de un cuervo muerto

1 comentario:

Julie dijo...

Aun envuelto en plumas, el corazón jamás olvida a quien se quiere olvidar. No hay lógica, debería haberla.