Como yegua se reía de los dos.
Pensaba antes en las probabilidades de ocurrencia de un fenómeno deseado, me preocupaba porque sucediera, lo anhelaba y buscaba con vergüenza atónita.
Desde tu partida segunda he dejado de buscar las noches con sus estrellas, la facilidad de las cosas, la pena ajena, he dejado de ir a los problemas, a lo que nadie suele decir. Ese amor que mata la conversaciones y viceversa, relación indirecta. Amor-Comunicación.
El licor de café, las pláticas extrañas, los individuos desconocidos, esos pregones de dientes para afuera sin sentido común alguno. Todo lo que está rodeado de lluvias efímeras, de noticias que no cuadran en mi mundo austero. Todo, absolutamente todo lo de anoche sucede que ha dejado de interesarme. Momentáneamente. Mientras te olvido, mientras te no-pienso (o dejo de pensarte).
Tú allá arriba. ¿Abajo?, la noción surreal del Norte-Sur.
Cinema.
Donde las ballenas y sus nidos se convierten en ángeles cubiertos de plumas pegadas a sus barbas. Ayer fui débil, monstruo fragmentado.
Para mañana no esperes verme en cama. Estaré tirado en el pasto, rodeado de personas idas, de vino y flores, de historias que en verdad ocurren, sin faunos, sin sirenas, sin estrellas fugaces que nunca te trajeron a mi. Lejos de la carcel. Y unos barrotes.
Para mañana la vida que renace, morirá. Y siento pena que no seas tú quién lo haga.
Del agotamiento y de las penumbras estoy harto. Quiero un espejo y un gato cubierto de diamantes.
Arriba la televisión y el grado de marginalidad en el que yo mismo me encuentro, con el mismo que se deprecia el conocimiento, que a tantos les hace falta.
Pensaba antes en las probabilidades de ocurrencia de un fenómeno deseado, me preocupaba porque sucediera, lo anhelaba y buscaba con vergüenza atónita.
Desde tu partida segunda he dejado de buscar las noches con sus estrellas, la facilidad de las cosas, la pena ajena, he dejado de ir a los problemas, a lo que nadie suele decir. Ese amor que mata la conversaciones y viceversa, relación indirecta. Amor-Comunicación.
El licor de café, las pláticas extrañas, los individuos desconocidos, esos pregones de dientes para afuera sin sentido común alguno. Todo lo que está rodeado de lluvias efímeras, de noticias que no cuadran en mi mundo austero. Todo, absolutamente todo lo de anoche sucede que ha dejado de interesarme. Momentáneamente. Mientras te olvido, mientras te no-pienso (o dejo de pensarte).
Tú allá arriba. ¿Abajo?, la noción surreal del Norte-Sur.
Cinema.
Donde las ballenas y sus nidos se convierten en ángeles cubiertos de plumas pegadas a sus barbas. Ayer fui débil, monstruo fragmentado.
Para mañana no esperes verme en cama. Estaré tirado en el pasto, rodeado de personas idas, de vino y flores, de historias que en verdad ocurren, sin faunos, sin sirenas, sin estrellas fugaces que nunca te trajeron a mi. Lejos de la carcel. Y unos barrotes.
Para mañana la vida que renace, morirá. Y siento pena que no seas tú quién lo haga.
Del agotamiento y de las penumbras estoy harto. Quiero un espejo y un gato cubierto de diamantes.
Arriba la televisión y el grado de marginalidad en el que yo mismo me encuentro, con el mismo que se deprecia el conocimiento, que a tantos les hace falta.

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