Se acallaron mis oídos cuando te quedaste.
A las 11.24pm yo seguía pensando en tí,
más porque ví ese accidente en la carretera;
la contaminación visual que me ahcía pensar,
que el día emergía del rompimiento de la noche.
Ahora. Otra vez el segundero con tonos bajos, luego altos.
Su misma dinámica, perenne; asemeja a la nuestra
tan dependiente de los tiempos bajos, de esas ondulaciones
que llegan y corren como aves terrestres. Somos dos bobos.
Pingüinos pensando en sus probabilidades de volar,
nulas como las mías de recuperar mi oído.
Espero el resplandor que te traiga a mí; que te traiga de donde te quedaste.
Fuimos el sexo altivo que en llanuras pristinas elogiaba el contexto global
de la vida; por mucho, sórdidas bandadas de algo parecido a un ejército de almas en pena.
Mira como destilan los rojos por el cielo. Acuden y dan paso a los oscuros.
En vida, es ahora que tengo vida que quiero que salgas de donde
te quedaste, allá no me sirves de mucho.
Suplico tu estancia aquí a mi lado.
Me desvelo concientemente
sabiendo de tu ausencia
y mi sordidez
ambos esperamos
por tí.
Arriba lo que está arriba. Pues es más ligero que mis pensamientos.
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