lunes, 23 de abril de 2007

El suicidio de los árboles.

Hermano árbol, háblame de tu energía.
Revélame misterios del cielo y de la tierra.


Ya sé porqué los árboles no mueren tan jóvenes como nosotros.
Ya sé ahora por qué no se suicidan.
Ellos no tienen sentimientos internos que les digan cuando fueron traicionados.
Su amor es para con las estaciones, dependen directamente del calor que les brinda el sol, la humedad del suelo, sus nutrientes.
Su amor es a las aves que hacen nidos en sus copas.

El mío es al aire. A la noche, a todos. De ahí mi depresión.

Arriba la selección natural, esa que acabará conmigo en primer término.

Heber onde andas?

Edmundo Martínez García

Te he buscado en mis noches
encadenadas al insomnio;
en aquella rebanada de luna
que atisba a través de mi
ventana.

He buscado las huellas de tus manos
en la montaña solitaria; en los árboles
vivos y en los árboles muertos, y en
cada piedra de un camino silencioso.

He buscado el reflejo de tu rostro
en el río que nunca se detiene;
en la cascada de agua que no cesa.

He buscado la luz de tus ojos
en la estrella más lejana;
en los planetas invisibles.

He buscado tu voz
en el viento que se queja,
en el murmullo de las hojas,
en el cuchicheo de los pájaros.
Y no te encuentro.
Dime, ¿estás ahí?

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