Tú preguntas:
-¿Cómo se le llama al deseo de existir pensando en la presencia?
Yo respondo:
-No lo sé, pregúntame algo menos complicado.
Tu afirmas con tono irritado:
-Es una marcha un tanto fúnebre, de olvido.
Y replico:
-¡No!, no mil veces. No es olvido, no es marcha, no es distanciamiento, no es nada de lo que tú ves. Son peces en el aire, son uvas, zapatos, camisas, hules de colores, cobijas, corazones de papel, camisas, gatos, gatos y camisas, un cuadro, cuadros y camisas y un pez dorado muerto sobre el piso.
Se establece un corte frío en el aire. Se corta tu respiración y la mía. Corre la sangre. Llueven lugares comunes, gotas de acero, plomo, aluminio, magnesio y sodio sólido quemándose al descender hasta tus pies.
Y yo callado, creyendo que no, o peor, que sí.
Es que insisto, son peces o camisas, zapatos o uvas... lo que gustes, pero no marcha de olvido.
martes, 16 de diciembre de 2008
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