Tener un atrapa-imágenes.
Dejarlo que resguarde
todas aquellas que parecieran importantes,
acaso imprescindibles.
Las flores cayendo sobre la clarita con limón.
Sobre el café.
Sobre cualquier bebida,
cualquier mano,
cualquier cabeza.
El viento arrastrándolas
quién sabe dónde.
Tener también un
atrapa-sonidos.
Que conserve aquellos recientes
-en su mayoría.
El sonido de las hojas meciéndose
con el viento.
El revoloteo de las moscas.
El sonido inaudible de las golondrinas
a una altura relativamente elevada.
O el silencio de estos 31ºC a la sombra.
Y guardar toda esta mañana en una bóveda.
Donde no les llegue el polvo,
ni la destrucción del olvido pueda alcanzarles.
domingo, 3 de julio de 2011
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