martes, 20 de noviembre de 2007

mon non coeur

En noches como hoy con una luna a medias pienso en mi corazón.

Se me perdió, en algún momento fuera de casa.
  1. Probablemente cuando estaba en el supermercado comprando galletas -debió haber brincado al anaquel de las galletas mientras elegía entre las que tienen chispas de chocolate o las de avena, estuve también distraído en la sección de carnicería cuando veía como cortaban un pedazo de carne de la espalda de un toro -bajo el supuesto de que se haya quedado ahí, debería empezar a preocuparme, probablemente el carnicero lo confundió con el corazón del animal y lo partió para que alguien más se lo comiera.
  2. Hice una parada en la librería para buscar Lolita de Vladimir Nabokov ahí también se pudo haber quedado entre las revistas, probablemente entre los libros viejos en oferta o quizás en el rincón donde había un poema en la pared de Sylvia Plath. Si ahí se quedó será feliz de manera temporal leyendo a Plath, pero el polvo y la oscuridad lo secarán en unos días.
Se fué, no se a donde, ni con quién, sólo me han comentado que a veces los corazones están hartos de sus dueños porque no los ponen a trabajar, no funcionan, no sienten, son cajas vacías, (a veces no bombean siquiera la sangre, de eso se encarga el cerebro mediante órdenes secundarias).

Hoy con una luna así, recordé que tengo el espacio de mi corazón vacío.

El viento frío y la luz blanca se cuelan en su espacio, hay neblina en donde debiera estar mi corazón. Hoy extraño no ser mitad y complemento de alguien, extraño entrar en detalle en las conversaciones, hoy sigo siendo un yo sin un tú.

y sin un corazón que lata por tí.

1 comentario:

Alan Ulises Niniz dijo...

Creo que tu corazón late con más fuerza que nunca, porque cuando hay un vacio no nos damos cuenta, cuando creemos que lo hay es sólo por que las emociones se quedan en la mano y se congelan y creemos que nosotros somos los congelados cuando sólo estamos a la espera de entregar lo que nos permitimos dar.

Un corazón jamás deja de latir y mucho menos de sentir, late late late y cada vez con más fuerza que la anterior y cada vez más al acecho de un receptor que sea capaz de llenarse con lo emitido por nuestras pulsaciones.

Por eso ante este grito lo que se escucha a lo lejos es que sientes más que nunca.