sábado, 27 de octubre de 2007

DÍA UNO

no quería saber del exterior -no porque tuviera miedo a encontrarte allá- porque me intimidaba el sol, la misma luna que nos vió anoche, el mismo viento, los consejos tardados, la dos monedas en mi bolsa del pantalón. era vergüenza.

pero que no duela más, que no duela más.

me levanté pensando que en todo el día no pensaría en tí -de hecho creo que no pienso. Sólo tengo una imagen oscura, dormías, me evitabas. una imagen congelada. sin expectativas.

el pregón fué ese, "no expectativas".

y que no duela más, que no duela más.

esperé saber de tí, sólo una llamada, una voz lejana, el gato, una puerta cerrada, medio abierta entre nosotros (cerrada para mí, abierta para tí). no, el celular no sonó para mí.

pienso (creía que no estaba pensando, pero vélo, sigo haciéndolo) que no llamarás.

lo importante siempre se corta, la naturaleza muerta interfiere entre nosotros (y todo lo que podría hacer por tí (multiplicado por cuatro, son cuatro Yo semejantes a mí, aparte, dispuestos a amar))

pero que no duela más, que no duela más.

el corazón se ha teñido de rojo, no era así, no solía serlo. creo que es la sangre, el corazón está ensangrentado por fuera.

hoy me pondré un mantra para evitar la pena que me causa el hecho de que no me llames: "no volverás, te has ido lejos, muy lejos donde nadie sabe de tí". aunque muy probablemente deba cambiar el mantra mañana, o lo deje tal como está.

que no duela más, que no duela más.

tengo arena negra en las uñas de las manos, arena negra en mi esófago, en mis pulmones, mi saliva es negra, mi color es negro, mi visión es negra. lo admito, no estoy preparado. pero ya estás lejos.

que no duela así.

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