jueves, 30 de agosto de 2007

Yeri.

Hasta cierto punto fuimos una sola voz, el mismo tono.
fuimos el destello, la mancha en el cielo azulado,
una gota gorda cayendo en la lluvia torrencial
fuimos nada en el todo, un todo en la nada;
ahora somos el corazón partido.
De mis cuatro yo, tienes dos, dos llevan tu nombre, tienen tu voz, corren tus pasos:
  1. Soy hijo y padre de Yerania. Tengo sus ojos, llevo su olfato.
  2. Soy hermana y abuela de Yerania. Amo los gatos, vivo para los espejos.

En el árbol putrefacto descansamos, en la lluvia y lodazal andamos, nada nos importa.
Ante lo mortuorio sonreímos, junto al ave caída celebramos su vida marchita.
Yo te extraño.
¿Y tú a mí?

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