miércoles, 20 de junio de 2007

Sobre porqué decidí odiar a la felicidad.

Felicidad....etimología.
Si tomamos en consideración la desinencia femenina -ix de felix y la raíz fel-, sería bastante razonable inferir: 1º, que esta palabra fue en origen femenina y 2º que denominaba a la mujer en una actividad exclusivamente femenina : dar de mamar. Según esto (es una especulación, pero con fundamento) la palabra latina felix se creó para denominar a la mujer (o en general a la hembra) que amamanta. Es digno de destacar que en tal caso la felicidad no habría nacido como algo pasivo, sino como totalmente activa. La felicidad estaría en dar más que en recibir.

Ya me harté de dar en las tardes suspiros; ya me cansé de rogar; de ofrecerme y ser rechazado; de entregar flores, perlas y regalos caros; de poner en bandeja de plata mi corazón aguijonado; de en los soles de la tarde llorar desvencijado y las lágrimas ponerlas a secar en el suelo caliente.
Los ofrecimientos constantes y las represalias a causa de lo mismo.

De la felicidad, el ofrecer es lo peor. Ofreces y te dan un putazo en la mejilla, otro en el hígado y a veces uno más en los huevos. La felicidad y todo su séquito pueden comer mierda.

He dicho.

Arriba la hora feliz. Nunca he estado en ella.

1 comentario:

Julieta dijo...

La felicidad... tema trillado, pero jamás rechazado. Confieso que soy acaparadora, no me conformo con pequeños momentos felices, quiero más. No me conformo con el momento en que fuí feliz cuando: comí ostiones hasta hartarme en boca de Camichín, cuando le veo el trasero a Ricky Martin en su video Pégate, cuando me ilusioné pensando que era correspondida, cuando pensé que iba a ser tía, cuando te conocí realmente, o hace rato cuando mi terapia con Dora funcionó...
Creo que felicidad absoluta se relaciona con quedarse estático como vegetal, sin deseo alguno; dejando de lado la propia voluntad de obtener más cosas. Y eso va en contra de la naturaleza humana(el concepto es absolutamente metafísico).
Es por eso que nos pasamos en una búsqueda fútil toooda nuestra vida. A pesar de todo, no creo tener mayor placer que estar convencida de tener la voluntad de desear y obtener lo que me propongo... ese es mi cachito de felicidad permanente.