-Te contaré como estuvieron las cosas…El inició todo.
-¿Eso es todo?
-Sí. Yo seguí después de eso. Yo maté a Juan Carlos.
La reunión en el lugar acordado, a la hora acordada, con la información recientemente vertida era materia de suma importancia; muchos familiares de Juan estaban interesados en conocer a su asesino. Él sería quien les diría, al regresar a la ciudad lo haría, iría después de su llegada al aeropuerto a contarles los sucesos, los únicos detalles que mencionaría serían sobre el lugar en el que se enteró de todo, las ropas vestidas, un análisis mediocre sobre el comportamiento del asesino. No más.
Al retirarse del encuentro, después de pagar un café trivial con olor a canela y desabrido se encaminó a la plaza del pueblo con dirección a la casa de hospicio donde permanecía en su estancia. Justo cuando llegó al kiosco, pensaba en los pormenores de su viaje, en el ambiente pueblerino que dejaría tras de sí. Otra vez escuchó el ruido de momentos atrás en el café: un ave o quizás un gato. Y una bala le perforó el pulmón izquierdo mientras pensaba en el origen del sonido, una más le dio en la columna vertebral a la altura de lo omóplatos. Con esa cayó.

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