lunes, 18 de junio de 2007

Entró sentándose.

Han sonado diversos disparos; ayer sucedió igual.
El samurai ha estado golpeando miles de personas, repartiendo golpes a diestra y siniestra, (coma). (punto)
Se ha estrechado en demasía la relación entre él y ella. Se han mantenido muy unidos. Yo no sé que decir.
El mejor amigo. El único carácter, no dá para otro personaje.
La misma banca ha conflictuado mi categoría. Ellos hablan allá afuera, probablemente de mí.
He puesto ante la luz que pasa entre las hojas de los árboles mi corazón. Tiene una cortada por el lado izquierdo, el derecho probablemente; tuvo más; de sangre está inundado; con quitina se recubrió; su exoesqueleto lo ha protegido numerosas ocasiones; aunque en ocasiones como ésta no soporta los embates de las mantarrayas.
Está en venta. Llévatelo, lo quiero contigo.

CANTO DE MÍ MISMO
Walt Whitman.

Me celebro y me canto,
Y aquello que yo me apropio habrás de apropiarte,
Porque todos los átomos que me pertenecen también te pertenecen.
Me entrego al ocio y agasajo a mi alma;
Me tiendo a mis anchas a observar un tallo de hierba veraniega.
Mi lengua, todos los átomos de mi sangre, formados de esta tierra y de este aire,
Nacido aquí de padres que nacieron aquí, lo mismo que sus padres:
A los treinta y siete años de edad, con la salud perfecta, empiezo,
Y espero no cesar hasta la muerte.
Dejo a las sectas y a las escuelas en suspenso,
Me retiro un momento, satisfecho de lo que son, pero no las olvido,
Soy puerto para el bien y para el mal, les permito hablar a todos, arrostrando todos los peligros,
Naturaleza sin freno, con energía primigenia.

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