Te conozco a ti.
Desde el inicio de la tarde,
el comienzo de los tiempos,
de los míos.
Te conozco por la lluvia que te sigue.
A todas partes.
Y te veo resplandecer en mis tinieblas.
Te adjudico los grandes fragmentos
de felicidad que entonces he tenido.
El ritmo de mis letras
y la sucesión de imágenes en mi cabeza.
Te conozco por cuánto sé que estás lejos.
Siempre cerca, siempre en la distancia.
Advierto con antelación tus llegadas,
tus consecuentes partidas
y las gotas de lluvia que dejas sobre mis cristales.
Te conozco por el olor de tierra mojada
que viaja contigo.
Te conocí.
Y desde entonces creo en la fuerza magnética
que me acerca siempre a ti.
Siempre hasta tus aguas.
martes, 24 de mayo de 2011
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