lunes, 28 de marzo de 2011

Quizás pienses que ya no lloverá.
Si es así,
tomarás tu bicicleta y saldrás a las calles.

Si es así,
la montarás
y saldrás rompiendo el viento
helado con tu cuerpo.

Quizás ya nada más te importe, ni el destino.
Porque el camino está limpio,
hay pocos carros en las calles,
la gente sigue dentro de sus casas.

Porque es probable que tú te montes sobre
la bicicleta,
con los audífonos puestos.
Bloqueando el ruido que te molesta.
Olvidando lo terrenal.
Pensando en algo más,
que ni siquiera tú puedes aislar.

Quizás ya estés listo para desencadenarla
del poste donde se encuentra atada.
Y darle libertad a la necesidad que te cubre
de los pies a la cabeza.

Probablemente saldrás cuando después de una hora
o de 45 minutos,
veas que ya no llueve.
Y pienses que ya no lloverá.

(Pero debes ver el cielo,
debes darte cuenta
que las nubes siguen ahí.
Siguen grises, oscuras.)

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