Plantamos cuatro árboles de plátano en el jardín.
Una vid, dos higueras, un naranjo, una mandarina, un limón, romero y otras plantas de ornato.
Miento.
Las plantaron los demás,
no sé quienes.
No fuí yo quien lo hizo.
Soy partícipe, simplemente, de la enajenación que causa ver su crecimiento.
Disfrutar la entereza de sus tallos, ramas, hojas y finalizar en frutos.
Aspiro, como todos los que disfrutan del fútbol,
a olvidarme de las muertes, los asaltos, la pérdida de democracia,
la caída de las instituciones sociales, el detrimento de la calidad de vida,
los asesinatos sin resolver, el narcotráfico, la pobreza y un largo etcétera (que ocupa mi mente todos los días).
Aspiro a olvidar la sangre que rueda a diario y se infiltra en las venas de la tierra, regresa al lugar que formó los materiales que le coagularon.
Aspiro a perderme en la belleza de las plantas de mi jardín,
sembrarme con ellas, desarrollar ramas y hojas en mis manos
y cuando llegue nuevamente la primavera,
florecer.
viernes, 11 de junio de 2010
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