Me dicen tanto de los clásicos,
todos.
Que si Bartok,
que si Donne,
que si todos, todo.
Pero,
olvidamos pronto, a todos y su todo.
Para qué hacer extracciones temporales,
sacar sus restos de los ataúdes de la memoria,
¿Por qué arrastrar sus creaciones a una sociedad que olvida incluso su existencia presente?
¿Para que llamarlos?
Invocarlos.
Traerlos a un mundo nuevo en el que muy probablemente se sientan
incómodos.
Sólo desgastamos su recuerdo, los matamos.
Hacerlo es abrir una botella de perfume exquisito (que no molesta mientras se le huele, aunque sea mucho el tiempo de exposición a nuestro olfato)
y permitir su desaparición por evaporamiento.
viernes, 28 de mayo de 2010
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