lunes, 23 de marzo de 2009

Amar al cigarro.

amar profundamente
¿por qué?

por las aves (sólo las canoras)
los árboles verdes, su movimiento al ritmo del viento
porque los ratones roen, chillan,
las nubes se mueven
y entre ellas los patos que vuelan, graznan.
por el brillo del sol y el de la luna

la literatura de Coetzee, Kerouac, Kawabata y Gombrowicz.

Los pantanos, los bosques, los desiertos.

Amar por las relaciones humanas, las destructivas, las cándidas

para los edificios llenos de cristal, los de cantera y los de adobe.

El agua estancada, el agua corriendo
en grandes cantidades y en pequeñas gotas
amar por ella.

Y amar por amar, de manera ahistórica
con un coeficiente alto de resilencia

mucha intensidad y poca economía.

Pero amar también por las alcantarillas de las que yo formo parte

De donde emerjo con un olor fétido a cigarro.

Igual que Sartre.

Sólamente que amarme implica que ese humo de cigarro se mantenga pestilente.

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