Cuando salía a fumar a la puerta siempre esperaba -espero- que llegaras -llegues-, o que llegara alguien o algo.
Lo que fuera, vendría -vendrá- con una luz en la calle oscura, con un calor en el viento frío de la noche, con un suéter de lana café (probablemente era un pedazo de piel de león).
Vendría y me subiría a su bicicleta, a su auto, a su camioneta, a su mano. Iríamos a donde nadie sabe, ni nosotros, ni ellos.
Y probablemente en el camino veríamos el mar. Probablemente no.
Lo que es seguro es que cuando vengas, se desencadenarán miles de objetos entorno a nosotros, y un vórtice casi eléctrico nos rodeara y nos aislará.
La energía suya, la nuestra. La de todos.
Acaso. Duraremos mucho, tanto como el tiempo lo permita, tanto como el polvo en nosotros permanezca humedo y cohesionado.
Posible. Vendrá algo con su luz, con su todo eléctrico y energizante.
O quizá no vendrá nada.
Y sólo está el llamado a levantarse en armas.
Yó: tú, tú, tú, tú. 1:4
En el seno izquierdo.
Donde esté Timmy, ahí llegaremos.

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