martes, 25 de marzo de 2008

Dejar ir.

Llegué a una cena dadaísta.

Comí.

Dormí.

Soñé.

Y pensé.


Después de eso, solo imaginaba el ambiente dadaísta.

Y un sinfín de actividades muertas.


A la ardilla postrada.

Al ave enclaustrada en su jaula plateada.

Al cordero en canal.

A las perlas regadas en el piso.


A ellos el discurso invernal.


Por ellos la vida dominada.


En el campo y la jornada descollada.


Sellado todo en convivencias surrealistas.

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