Fué un abrazo de fundición donde los dos quedamos quietos y las libélulas y las moscas nos vieron de reojo.
Y la noche sin su frío acudió quieta a vernos de reojo.
Y una lámpara de papel nos calentaba de reojo.
No hubo te quieros, no hubo una mano, ni una corazonada partida por el peso del concreto.
Sólo nosotros a la luz de un beso.
¿Y qué fué después de eso?
Y la noche sin su frío acudió quieta a vernos de reojo.
Y una lámpara de papel nos calentaba de reojo.
No hubo te quieros, no hubo una mano, ni una corazonada partida por el peso del concreto.
Sólo nosotros a la luz de un beso.
¿Y qué fué después de eso?

2 comentarios:
Nada.
O todo.
Según el intérprete, claro.
Un abrazo.
El detener del tiempo
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