Era como estar acostado en una pastura verde en un cielo nublado.
dejar de ser y de existir.
o solamente ver las nubes como un fantasma,
mejor aún, como dos.
Sentía siempre un temblor en la pierna, de esos que sacuden el músculo superficial.
Estar ahí esperando sin noticias algunas era demasiado raro
tanto como perderse en un lugar que conoces.
Me sentía como un nombre propio sin R.
pero después, más tarde cuando alcance a estar allá bajo el árbol de peras, el peral para ser mas preciso, y pude tocar una rama, todo cambió,
quiero decir, permaneció igual pero algo dentro de mí reconocía la validez
de ese evento,
de conocer el nuevo significado de no estar solo esperando,
de que permanecer aislado no es lo mismo que permanecer enclaustrado.
Finalmente me encontré con una nube en forma de hacha que paso lento y perdió su
forma en el camino hacia las montañas.
Qué infeliz fuí cuando me enteré que en tu espera pude haber cometido infinidad de asaltos emocionales,
de hacer bajar las nubes,
de mover ratones de una esquina a otra,
o de quitarnos el polvo acumulado de los hombros.
Y pude ser al mismo tiempo un yo descerebrado y no perder por tanto tiempo.
o en el mejor de los casos, si.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario